26 octubre 2011

Momo, de Michael Ende

Fantasear, ir a otros lugares y mundos, ignorar mis problemas y mis recuerdos, aunque siempre estén en mi mente. Por esa razón entre muchas tantas me gusta, de vez en cuando, leer un poco. No os engañéis. No soy un devora-libros, aunque los lea rápido, de hecho, no suelo hablar mucho de esto. Pero, ocasionalmente, y sobretodo en esos viajes en bus, pongo música, y leo. Y ayer terminé de leer Momo. Más bien, de releerlo.


Momo, ese libro. Un tanto fantasioso, pero, a la vez, atrayente, te engulle. Creo que fue uno de los primeros libros que leí, si no el primero, y ya casi lo tenía olvidado. Olvidé muchas de las frases que me gustaron tanto, supongo, que por tantas cosas que han pasado en estos años. A pesar de contar un historia muy sencilla y con final que quizás algunos podrían predecir, lo hace de tal manera, que comprendes por qué sucede cada cosa, y, le das la razón, porque la tiene, en cada frase que dice. De hecho, no recordaba que subrayé frases del libro, esas frases que os digo que olvidé. Pero ahí estaban, subrayadas, y ahora tienen mucho más valor que antes.

El libro cuenta la historia de Momo, una niña pobre, huérfana, de pocas palabras, desaliñada, con un chaquetón más grande que ella, vagabunda. Pero tiene un don que no todos tenemos aunque pensemos que si: saber escuchar. Ella no cuenta cosas. Escucha. Escucha de tal forma, que hace que otros encuentren sus soluciones, gente pobre e ignorante resuelve sus problemas, sólo con contárselos, y verlos reflejados en su cara.
Eso no es nada especial, dirá, quizás, algún lector; cualquiera sabe escuchar. Pues eso es un error. Muy pocas personas saben escuchar de verdad.


Luego, tenemos a unos malotes de turno, los hombres grises, personas que parecen no estar ahí nunca, traman con su Banco del Tiempo engañar a la gente para que "ahorre" tiempo, diciendo que luego podrán recuperarlo y disfrutarlo. Momo, con su curiosa capacidad, se da cuenta de que no es tan bonito como lo cuentan. También tenemos a sus mejores amigos, Gigi Cicerone, un chico mentiroso que no sabe dejar de hablar, pero por ello con muchísima imaginación, a Beppo Barrendero, un barrendero (valga la redundancia) anciano, pausado, que piensa todo lo que dirá, para decir siempre lo acertado, sin mentir, y a una tortuga lenta pero muy rápida llamada Casiopea, muy especial, entre otros. Me siento identificado con cada uno de los personajes, en muchas facetas.

Desde luego, el libro no ha perdido la magia con la que me atrajo la primera vez. Como todo lo que me gusta. Y es que, te hace pensar sobre lo importante que es el tiempo, esa cosa que todos tenemos pero no podemos ver, sólo sucede. Te dice que no hay mejor o peor manera de usarlo, porque siempre lo usas. Habla sobre el estrés de esta vida diaria que tenemos, a causa de algo tan normal como es el tiempo, un estrés que no tenemos por qué tener. Se ha de ser paciente, y todo llegará. Si tuviese que poner un ejemplo sobre eso, sería esta frase de Beppo sobre su forma de barrer, una de mis preferidas:

"A veces se tiene ante si una calle larguísima[...]que nunca podrá acabarla[...] Y entonces se empieza a dar prisa. Y cada vez se da más prisa. Cada vez que se levanta la vista, se ve que la calle no se hace más corta. Y se esfuerza más todavía, se empieza a tener miedo[...] Y la calle sigue estando por delante[...] Nunca se ha de pensar en toda la calle, ¿entiendes? Sólo en el paso siguiente, [...] Nunca nada más que en el siguiente. [...] Entonces es divertido; eso es importante, porque entonces se hace bien la tarea[...]De repente se da uno cuenta de que, paso a paso, se ha barrido toda la calle. Uno no se da cuenta de cómo ha sido, y no se está sin aliento."


Vivimos pensando en nosotros. En que vamos a hacer, en hacerlo antes, para tener más para nosotros, y más tiempo, ser mejores, nos servirá para el futuro, pensamos en ser felices, dejándolo de ser ahora, en seguir. En definitiva. En nuestro tiempo. Pero, no observamos muchos (entre los cuales a veces me incluyo) el tiempo que nos regalan los demás. Ese tiempo, que jamás recuperarán. Tampoco recuperarás el que uses con ellos, el tiempo no es una inversión. Pero merecerá la pena. Vivir momentos, disfrutarlos, recordarlos, como Casiopea "andar tan lentamente, y avanzar tan deprisa". Creo firmemente en eso, aunque me resultaría mucho más fácil no hacerlo, con todo lo que he visto y vivido. Pero es la verdad, nadie puede reprochar lo contrario.

Me ha encantado releérmelo, recordar por qué es mi favorito. Lo recomiendo a todo el mundo que tenga un poco de tiempo. Y todos tenéis un poco de tiempo, ¿verdad?