17 agosto 2013

Juicio y verdugo

Las tornas cambian. Es extraño el concepto que muchas personas que hace años que no ves ni te han hablado en la vida tienen de ti, y aún más curioso los prejuicios que sacan de la manga. Pero aún más curioso es como se extienden y lo fáciles que son de romper.

Juzgan actos, personalidad, relaciones sentimentales, estudios, trabajo, incluso el sexo que puedas tener sin siquiera dirigir su atención a conocer un poco más de la persona en cuestión. Generan una fachada falsa sobre lo que eres, una ideología sobre ti que además extienden, sobre todo si son malos pensamientos. Porque ya sabéis, lo malo vuela más rápido que lo bueno.

Y cuando esa mentira choca con la realidad de la persona que piensas que eres, todo cambia. Dicen que te ven raro, que has cambiado, que tu eras de aquella manera mala y se sorprenden. Pero, cuando eso pasa, pienso que no es cierto ese pensamiento de haber cambiado. No siempre cambias tú, cambian ellos. Ellos, que crearon esa constitución invisible sobre cómo debías ser, la ven destruida, y la sustituyen por una que tú mismo has creado y ya tenías, logras que tu imagen sea la suya. Y entonces nos convertimos en los asesinos de ideas preconcebidas, y hacemos justicia.

Y la justicia sienta tan bien.