17 mayo 2012

Problemas a la ligera

La simpleza y hecho que siempre nos perseguirá a todos, en todas ocasiones y lugares, es si pensamos, razonamos o no, los actos que suceden en nuestra breve existencia. ¿Piensas lo que haces? ¿O haces lo que piensas? Creedme cuando os digo que son dos cuestiones muy diferentes. Antes de seguir, aclaro: no soy para nada un experto, ni he estudiado para decir esto. Pero aún así, debo plasmar mi opinión.



¿Cambios?

No es lo mismo hacer algo premeditadamente que hacerlo sin más. Salir al cine con una chica, por ejemplo, tiene un objetivo final, ya sea simplemente ver el largometraje o aguantar las horas para conseguir algo más (triste pensamiento de quinceañero). Es decir, es algo planificado, maquinado, quizás no calculado, pero con una pretensión final. Conocer a esa misma persona y acabar maravillado cuando tu intención se alejaba totalmente de eso, es inesperado, a veces instintivo, pero no ha sido algo que estuviese guionizado por tu parte como en el caso anterior. Supongo, que no son ejemplos buenos para algunos que lean esto, pero creo, que si dan una idea de lo que quiero decir.

Porque, seamos o no conscientes de lo que hacemos o vivimos, una cosa está clara: siempre surgen problemas. Problemas del yo, problemas del tú, problemas del nosotros, o de los demás,  problemas de cualquier concepto de pronombres habidos y por haber. Estos problemas no son sólo consecuencia de nuestra, en cierto modo, egocéntrica condición humana. También surgen de factores externos, que se escapan del control que podamos tener. Dinero, es el principal. Pero eso da para otra gran entrada, que mejor dejar para otro momento.

En demasiadas ocasiones observo, tanto en mi como en el resto, que ignoramos ciertas cuestiones por aquella excusa de que tenemos otros problemas. Mayoritariamente lo hacemos inconscientemente, nos centramos en esos quehaceres que de nuevo nosotros casi en su totalidad hemos creado, y no vemos hechos simples. Magnificamos esas tristezas u obligaciones, les damos una importancia que no tienen en realidad. Tal y como titula esta entrada, es así: creamos problemas a la ligera. Y peor aún, los unimos a nosotros. Y, para ser más fatalistas: los rechazamos, nos quejamos de ellos, a pesar de haber sido nuestra elección. Claro que muchas veces, no es nuestra elección que eso sea así, y aunque así fuese o hubiese sido, en su momento posiblemente no fuimos capaces de ver más allá de esas cuestiones, o de evadirlas.

Parecerá que hablo de "haberlo pensado antes". Pensar, luego actuar. Pero no es así. Hablo, de ver lo importante. De tantear lo que de verdad es un dolor de huevos, hablando mal y metafóricamente, y lo que sólo es una ilusión o un hecho que podemos eludir, para poder ver lo que de verdad es importante, lo que no es mentira ni daño.

Simplemente, y resumiendo en palabras menos repelentes: no merece la pena amargarse por algo que no pasa, ni por algo que pasó o pasará. Solo merece la pena alegrarse, por algo que valga, que sea confiable y sin un ápice de dolor, o si es tu caso, alguien.

Espero, que entendáis lo que quiero decir.

2 han dicho algo:

Gaucho Vather dijo...

"no merece la pena amargarse por algo que no pasa, ni por algo que pasó o pasará"

Ya te sabes la teoría, ahora toca la práctica, y algunos podemos ayudarte :)

Dani García dijo...

El problema de la teoría es que es contradictoria...solo es una paranoia más. xd