18 junio 2010

Cuando no están

Hace algo más de una semana sucedió algo que, tristemente, confirmó (más bien reconfirmó) una idea que tenía en mente.

Una chica cualquiera, pero claro, distinta. Salía con sus amigas, se divertía, llegaba tarde a casa, había acabado hace 1 año el bachiller. Una pizca de locura, también era algo que se le podría añadir. Me daría completamente lo mismo si no fuese porque esa chica estuvo en mi misma clase. En resumen, por no complicar la cosa, añada usted un coche, mala conducción, y accidente. ¿El resultado? Heridas de gravedad, y caída en coma de la amiga en cuestión.

El coma. Se le llama así, porque después de una coma, suelen seguir más palabras.


Por supuesto, como era de esperar, su correo, sus redes sociales y demás, se llenaron de comentarios de ánimo para que se recuperase. ¿Pero que puede hacer y de que sirve un comentario o un regalo, si no es leído ni recibido por quien se lo envías? El hecho es que, no los va a leer nunca. Ella está muerta. Hace 3 días, perdió sus fuerzas.

Puedo resultar algo frío en lo que voy a decir, pero es mi opinión al respecto: realmente esa persona no me importaba, ni me venía en vida demasiado. Pero eso no quita que por supuesto, hubiese sido mejor que siguiese en vida. La casualidad de nacer y vivir es un bien que no se debe menospreciar, claro está.

Pero lo que he sacado y (re)confirmado por este triste hecho es que, como en los funerales, por suerte o desgracia, la gente recuerda y habla más de una persona en su ausencia, que cuando está a su lado. La prueba más clara es que yo mismo, que no le daba una importancia mayor que la de que fue compañera mía, de repente aparecen decenas de recuerdos que ni siquiera sabía que tenía.

Ambas cosas son tristes, tanto la muerte de esta chica, como la confirmación de una regla que cría solo teoría. No se que pensareis vosotros de esto.