01 diciembre 2014

La Gran Recogida de Málaga y las grandes superficies.

Los días 28 y 29 de Noviembre en Málaga tuvo lugar la Gran Recogida, una apuesta solidaria para conseguir alimentos para familias necesitadas. Mas de 320 establecimientos de Supersol, Carrefour o Mercadona estuvieron implicados en la recogida facilitandoles el espacio a los miles de voluntarios y a muchos más kilos de comida. Las jornadas se resolvieron bien, con muchísimas más donaciones de las esperadas. Pero los voluntarios desaprueban esa actitud empresarial.

Aunque se agradece poseer un espacio para las donaciones de comida, la solidaridad queda eclipsada por el despilfarro de esas grandes superficies. No son pocas las voces que se han levantado para denunciar esta situación. Cualquier persona que haya trabajado cerca de empresas como Mercadona puede ver como, a diario, kilos y kilos de comida en perfectas condiciones para consumo son lanzadas a trituradoras, mientras que lo que no puede triturarse, se echa a la basura sin más. En los últimos años los vigilantes de seguridad se cambian con frecuencia el nombre a vigilantes de la basura, en un intento por evitar que cualquier persona tome la "basura" antes de que esté en el cubo, unos alimentos que ni siquiera están caducados, solo ha vencido "su ciclo comercial".

Cualquiera podría pensar que en vez tirar comida, lo ideal sería donarla. Pero el supermercado no lo ve así. Es por eso que minutos antes del cierre bajan los precios, intentan deshacerse del exceso. Pero donar no. Los costes de traslado y distribución gratuita de esos productos son exagerados, es mucho más barato tirar lo que no se use.

Aquí es donde los voluntarios se quejan. Se quejan de ese doble rasero, de esa doble intención. Se quejan del intento de aparecer como buenos ciudadanos, de esa conducta paternalista puntual, cuando día tras día las grandes superficies niegan esa conducta. La eterna discusión entre beneficio económico y beneficio social, entre lo bueno para el empresario y lo bueno para el resto.

Pero no podemos culpabilizar a la gran empresa de todo, la legislación incluso limita las donaciones. Quizás algún día la conciencia de los grandes propietarios cambie. Pero, ¿qué conciencia hay cuando lo que manda es el color del dinero?