23 octubre 2009

Los gatos de mi barrio son enormes

Entrada de relleno patrocinada por mi mismo, que no he podido salir así que me fijo en cosas chungas y paranoicas. Así que no os extrañe las historias que os cuente, que aunque ciertas, paranoicas. Luego añadiré fotos reales de los gatos.

Un Viernes noche. Viernes noche, y no salgo. ¿Que se hace en estos casos? Pues seguramente se pondrá uno a jugar hasta las tantas, o hasta que la madre le grite, a cualquier cosa. Pero no, y además tampoco, mi padre está intentando pillar códigos para ver el Digital + gratis (y digo intentando porque ya no se puede desde que pusieron el nuevo sistema y el insiste en que si). Así que, sin salir, con la TV ocupada, y por lo tanto sin consolas de sobremesa, no queda más remedio que ponerse con la PSP o la NDS. Pero joder, los juegos que hay están más que pasados. Solo le doy de vez en cuando al Space Invaders Extreme.

Así que, la siguiente alternativa es buscar algo entretenido por internet. Y va a ser que no hay suerte hoy. Así que, sin nada que hacer, miro por la ventana, ¿y que es lo que veo? Gatos. A montones.

Esa cantidad de gatos tan grande me hace pensar una cosa, y es que pronto vendrán los de control de animales, y se llevarán a unos cuantos. Y con unos cuantos, quiero decir unos diez o quince, y suelen ser simples crías que no conocen las trampas. Aunque eso no afecta demasiado a su población, aque aumenta año tras año. También caen a veces adultos, pero muy pocos, y son los más débiles. Los más viejos y cabezones, no caen en las trampas nunca. Algunos porque son de casa y tienen un collar, otros porque directamente no van a donde otros gatos vayan, porque son rechazados, otros, más que nada porque no se mueven casi nunca, solo para huir de vez en cuando si se asustan de algo. Es más, son los otros gatos quienes les traen la comida.

Si, como lo leen, los gatos de mi barrio tienen una jerarquía social. Más bien, una monarquía compartida entre 3. Uno de estos reyes es amarillo, tirando para marrón con algunas motas, y mucho más grande que el resto, además de más agresivo con sus "vasallos", y suele apartarlos a zarpazos de sitios cómodos, como los asientos de las motos, para tumbarse él. El segundo de estos jefazos, es algo más grande que el primero, pero también más relajado y oculto. Es blanco, con un poco de gris en la cabeza y una mota negra y grande en un costado, y siempre tiene a varios gatos tras él o tumbados con él, no siempre los mismos. Como ya digo, es más tranquilo, y se le ve a veces salir junto a su séquito de las pencas puntiagudas que hay junto unas escaleras, para volver al poco tiempo. Y, por último, hay un tercero, más bien una tercera, que es de menor tamaño (claro, no tiene tanta cabeza como los machos), aún así bastante grande, de unos colores más comunes, marrón con rayas grises y manchas negras...vamos, un mixto, que acaba de tener crías y está muy protectora y vigilante siempre, hasta tal punto que los otros gatos se acercan siempre con cuidado hacia ella para que no les golpee. De todas formas, los otros gatos le tenían respeto desde antes.

Yo llamo a este curioso trío, el Tigre, el Sobrao y la Lince. Me cago en la puta, su forma de ser serviría para escribir una historia de un manga o algo.

El sobrao es como este, solo que algo más falco, de nuca gris y con esa misma mota en el el lomo


No es que esté todo el santo día fijandome en lo que hacen los gatos, pero si que me llama muchisimo la atención como se comportan en esta zona, como si fuesen una sociedad feudal. Ya que mientras este trío no suele buscar comida, es mayor que el resto, e imponen su ley a golpes, el resto asustado les da un tributo, de vez en cuando se puede ver como algunos gatos entran en las pencas, suena un gruñido y salen corriendo sin la comida que llevaban, o ese alguno de ese trío le quita la comida que llevaba en la boca otro.

Pero no todo es un gobierno compartido en el feudal mundo de los gatos de la Pelusa. Como siempre pasa con el poder, siempre se quiere más. Así que no es de extrañar que de vez en cuando, como mínimo una vez cada dos semanas, haya un pelea fuerte entre esos 3. En cuanto se ven, suelen mantener una distancia prudencial, y si ven que el otro lleva comida, le gruñen, se la exigen, y aunque suele quedarse en un par de zarpazos y darse la vuelta y resignarse, porque saben que ambos pueden perder, no siempre es así.

Los otros gatos, cuando alguno de los jefazos pelea contra otro jefazo, se esconden y huyen, porque incluso el Sobrao, por muy tranquilo que sea, si ve que hay pelea el muy cabronazo entra, incluso golpeando a gatos que nada tienen que ver, y yo pienso que es el más fuerte de los 3. Como ejemplo, en la última pelea que tuvieron hace unos días, el Tigre salió disparado de un zarpazo de la Lince contra un muro de yeso, el Sobrao llegó por detrás y golpeó a la Lince contra el muro, y el muro se quebró. En serio. Es evidente que el muro ya era viejo, pero que estos gatos lo revienten mientras pelean, es algo que mola y a la vez da miedo. No todas las peleas son visibles, porque muchas las tienen entre las pencas, que es como "la fortaleza" y es fácil saber quién es el nuevo propietario, porque los otros dos salen corriendo tras la pelea, aunque luego vuelven, ya relajados y sin pelear.

Por suerte, aunque son agresivos, solo lo son entre ellos, y no provocan problemas a la gente, aunque si sustos. Los gatos vasallos también tienen sus peleas, pero no son tan épicas como las de esos tres. Pero si que son también muy grandes, y parte de ese feudalismo felino, que roza o incluso toca el pensamiento y comportamiento humano, por mucho que digan que el humano es el único ser que se organiza con conciencia y no por instinto.

Y hasta aquí, la entrada chorra del día. Recordad, vigilad las calles, nunca se sabe si tus gatos tienen creada una semisociedad a tus espaldas